EDITORIAL DE NOVIEMBRE

8 11 2009

LE FORZE

L’amore di Dio, accompagna fin dal suo inizio, la piccola grande storia di ognuno di noi. Siamo noi che talvolta ci complichiamo troppo facilmente la vita, ci aggrovigliamo nelle nostre preoccupazioni, pretendiamo di forzare la mano a Dio e di imporgli i nostri progetti.

Un aiuto per la liberazione interiore e per l’apertura della persona a questo amore premuroso di Dio, può nascere stando con gli altri, raccontando la propia storia, le paure e i pericoli superati, le amicizie perdute e ritrovate, il rapporto con gli altri, genitori, familiari, vicini, colleghi.

La riflessione ci può aiutare a ragionare sulla fedeltà dell’uomo a Dio guardando a certe prove della storia, (inquinamento, droga, denutrizione, ingiustizie), per chiederci se esse sono una spia luminosa di squilibri creati dalla persona umana, per correre così ai ripari impegnandoci a mettere una goccia di acqua límpida nella storia dell’umanità.

La forte tentazione però, è quella di lasciar correre. Oppure, è quella di guardare in basso, con gli occhi di  gallina, cercando di non perdere nulla del proprio becchime. L’avventura invece, comincia alzando gli occhi. “Occhi di aquila per guardare le cose a distanza, per rinnovarsi nella giovinezza”  (Sal 103,5).

Guardiamo in alto dunque, non accontentiamoci dei traguardi raggiunti e davanti alle prove non scappiamo. Alziamo gli occhi al cielo e vedremo, fra le stelle,  che Dio è ancora lì col suo amore fedele e incrollabile. Il mondo può girare come vuole ma l’amore di Dio non verrà mai meno. Aggrapparsi a Lui vuol dire credere, avere speranza,  legami di bontà,  chiarezza nel camino e imparare a desiderare il bello, il buono e il vero.

Accoglimi Signore,

per questa volta, accoglimi.

Fammi dimenticare questi orfani giorni

che passarono senza di te.

Prolunga questo breve momento,

tenendolo sotto la tua luce.

093 teyuna

LAS FUERZAS

El amor de Dios, acompaña, desde siempre, la pequeña y grande historia de cada uno de nosotros. Somos nosotros que a veces nos complicamos la vida y nos encerramos en nuestras preocupaciones, pretendiendo de forzar la mano de Dios imponiendo, al todopoderoso, nuestros proyectos.

Una ayuda para nuestra liberación interior y para la apertura de la persona hacia este amor premuroso de Dios, puede nacer estando con los demás, manifestando nuestra propia historia, los miedos y los peligros vencidos , las amistades perdidas y recuperadas, las relaciones con los demás , padres, hermanos, familiares, amigos, colegas.

Reflexionar sobre eso, nos puede ayudar a razonar sobre la fidelidad del hombre hacia Dios mirando ciertas pruebas de la historia, (injusticias, hambre, droga, sistema ecológico contaminado)  y preguntarnos  si,  son una espía  luminosa,  como consecuencia de  los desequilibrios  creados por las personas humanas,  para poder  buscar a tiempo los remedios, empeñándonos en poner una gota de agua limpia en la historia de la humanidad.

Pero, la tentación de dejar las cosas como son es grande. O también, otra tentación  es aquella de mirar alrededor con los ojos de gallinas, buscando la forma de no perder nada de su propia comida.  En cambio, el desafío,   comienza levantando los ojos. “Ojos de águilas para mirar las cosas a distancia, para renovarnos en la juventud”. (sal. 103,5).

Miramos alto entonces, no contentémonos de las metas conseguidas y, frente a las pruebas, no huyamos. Levantemos los ojos al cielo y veremos, entre las estrellas, que Dios está   todavía allí, con su amor fiel e inquebrantable. El mundo puede dar vuelta como quiere, pero el amor de Dios no fallará nunca. Aferrarse a  Él quiere decir creer, tener esperanza, afectos de bondad, claridad en el camino y aprender a desear, lo bello, lo bueno, lo verdadero.

Acógeme  Señor,

Por esta vez, acógeme.

Ayúdame a  olvidar estos días huérfanos

Que pasaron sin ti.

Alarga este breve instante

Manteniéndolo bajo tu luz.


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