EDITORIAL DE FEBRERO

15 02 2010

LA FELICIDAD QUE SURJE DEL INTERIOR Nadie cree en la felicidad. Parece que la felicidad es un sueño, un mito. Si decimos que somos felices, nadie nos cree. Consideramos que los seres humanos somos por naturaleza infelices. En cambio, los seres humanos podemos ser felices, más felices que los arboles, las estrellas, las aves. Las personas, tenemos algo que no tienen ni las aves, ni las estrellas, ni los arboles. Existen dos alternativas para los seres humanos: ser felices o infelices. Nosotros elegimos. Los arboles y las estrellas no pueden elegir, en cambio nosotros si lo podemos hacer y en plena libertad. Esa libertad es maravillosa y peligrosa a la vez. Recordemos que, nosotros somos los únicos responsables de nuestra felicidad o infelicidad. La felicidad se da cuando encaja en nuestras vidas, en armonía con nuestro ser interior, en armonía con la naturaleza, en armonía con Dios y con los demás. La felicidad se da si amamos nuestro trabajo, si amamos la vida, si queremos a las personas que nos rodean. El ser humano se ha vuelto confundido. En cuanto ve dinero deja de ser el mismo. En cuanto ve poder, prestigio, deja de ser el mismo. En cuanto ve halagos, deja de ser el mismo. Y se olvida completamente de todo, de los valores intrínsecos de la vida, de su felicidad, de su alegría, de los sentimientos que valen y elige algo de lo exterior para intercambiarlo con lo interior. Pero,¿ qué nos queda? Incluso si tenemos el mundo entero a nuestros pies, pero hemos perdido nuestra identidad, ¿de que vale? Incluso si hemos conquistado todas las riquezas del mundo y hemos perdido nuestro tesoro interior, ¿de qué nos sirve? ¿Qué vamos a hacer con nuestras riquezas? Eso es la infelicidad. La felicidad florece interiormente, desarrollando los talentos que Dios ha puesto en nuestro ser, en la espontaneidad de hacer el bien, en construir nuestro mundo interior positivo, en abandonar los modelos negativos que el mundo nos propone, en encontrar nuestra alma interior que tiene sed, de justicia, de paz y de amor.

A LA SOCIEDAD LE HACE FALTA

Personas que no pueden ser compradas,

Cuya palabra sea una garantía,

Que pongan su carácter por encima de todo lucro,

De opiniones sanas firmes y que obren en armonía con ellas,

Que prefieran ser personas de bien que millonarias,

Que sean honradas en lo pequeño y lo grande,

Que estén listas a sacrificar el bien propio por el bien común,

Personas de valor y no cobardes,

Que no se dobleguen ante exigencias indebidas a riesgo de su paz de

conciencia.


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