EDITORIAL DE JULIO

15 07 2010

PADRES Y EDUCADORES

Es importante reconocer que también los padres y educadores  tienen sentimientos y reacciones negativas que se expresan, muchas veces, de forma involuntarias. Estas reacciones pueden afectar el equilibrio familiar. Cuando esto ocurre conviene explicarlo  a los hijos, para que comprendan que adultos y niños, a veces, tienen las mismas reacciones.

Es importante recordar que resulta más fácil cuidar a los hijos de otros que a los propios, debido a los vínculos emocionales que unen  los padres a los hijos.

También el educador influye, con lo que dice y lo que hace, en los niños y jóvenes. No debemos olvidar que el niño y el  joven, necesitan de modelos, inclusive mas allá del contexto de su hogar.

En el niño el yo constituye la parte más importante del crecimiento emocional. El sano concepto de si mismo se desarrolla a partir de las experiencias de consideración positiva y de amor por parte de otras personas, como: madre, padre, hermano, educador. Por lo tanto, también el educador tiene, en la vida del niño, un papel importante. Padres y educadores juntos tienen la hermosa  tarea-misión de formar a los niños.

Es obvio  que no todo acto del niño puede ser aceptable, y lógicamente los padres y educadores deben corregirles, pero a pesar de las prohibiciones y restricciones, el niño necesita estar seguro de que se le acepta como persona. Debemos recalcar que es necesario que los limites y las restricciones se impongan en una atmosfera de amor. Esta aptitud conduce al niño a una consideración, de si mismo, positiva.

Cuando un niño crece en un ambiente de amor, puede aceptar partes fundamentales de su conducta y no tiene que defenderse en contra de la falta  de amor y de consideración y, puede  aceptar sus limitaciones y cambiar. Esta apertura a aceptar las limitaciones produce un crecimiento positivo en el niño.

Si un niño es aceptado por sus padres y educadores como un ser con dignidad y valor, se encontrará  más propicio a experimentar un crecimiento y un cambio hacia una serie de emociones sanas, positivas, agradables.

Es importante reconocer que tanto la familia, como el centro educativo, deben coordinar su acción para crear un clima favorable al crecimiento del niño, que favorezca la formación de una personalidad positiva, de confianza, de autonomía, de identidad.

Por Maria Luisa Cortinovis


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