Mons. Francesco: Un hombre bueno

28 07 2012

La visita de Mons. Francesco a La Troncal no pasó desapercibida. Dejó una huella en el camino difícil de ignorar

Es cierto que a veces nos cautiva la autoridad recién llegada; el corazón se deja llevar por la novelería del momento, a veces sucede aquello; pero cuando el visitante se ha ido y queda el deseo de encontrarlo de nuevo, se entiende dos cosas: El valor del abrazo recibido y cuánto afecto necesita nuestras vidas

Mons. Francesco sin hablarnos de Dios nos dijo que Dios existe. Nos enseñó su bondad y su amor, y nos mostró que todo abrazo debe estar revestido por una acción sincera

Mientras abrimos los labios para decir que la gente es mala, alguien que saludó con Mons. Francesco aprendió a decir lo contrario. Emocionada me dijo: Ese señor es bueno”. Una definición que no fue consultada por mi; simplemente la señora quería compartir la alegría de haber encontrado una persona que tocó su alma con bondad y cariño

Es la parte difícil. Llegar al corazón de la gente. Llegamos a su mente, a sus ojos y a sus manos, pero no a su corazón. Es que hemos aprendido salir a la calle listos para recibir los elogios y los saludos, sin preocuparnos qué sentimientos debemos aportar nosotros en ese encuentro

En el recorrido que realizó para conocer los trabajos preparados por los alumnos del colegio San Gabriel, escuchó con afán las ponencias y explicaciones. Yo pensé que Mons. Francesco iría de tramo en tramo viendo los trabajos, pero no; se detuvo a preguntar y conversar con los alumnos, y escuchó las respuestas con un sincero interés

Eso se llama respeto. Otra virtud que olvidamos con frecuencia

Cuando llegamos a la clínica Gian Lucca Rotta me sorprendió su fuerza y valor.  Le ofrecieron el ascensor y él prefirió las escaleras. En conclusión, terminó el recorrido con alegría. Nada de rostro cansado ni abrumado

En el recorrido por La Troncal Mons. Francesco siguió derrochando alegría. En Shucay abrazó a la juventud que lo asediaba. A veces parecía que el visitante era el anfitrión

Y en la Plaza a la Virgen de la Nube, después de la misa, continúo con sus muestras de cariño. En esa marea de fotos y abrazos alguien le dijo: “Mons. es hora de irnos, va ha perder su vuelo.” (Tenía que partir para Lima y luego para Bolivia).

Pero Mons. Francesco no escuchaba. Nada le entretenía en su afán de impartir su afecto; ese afecto que no hace cálculos para hacer más fuerte el abrazo y más extensa la sonrisa

Cuando una señora buscó su cariño, Mons. Francesco fue a su encuentro, rodeo con sus manos su rostro, luego asentó su frente en la sien de la mujer, sonriendo con la emoción de quien encuentra a su mejor amigo

Sinceramente, hacía tiempo que en una plaza no se veía tanta piedad y solidaridad

Gracias Mons. Francesco por sembrar tanta esperanza y consuelo

Y vale decir que no me preocupa que esta reflexión no esté escrita en italiano

Los hombres buenos como usted entienden todos los idiomas del corazón

 

Por Milton López Tello