Los riesgos

26 11 2012

La noticia de que en la mochila de un niño de ocho años se encontró marihuana suficiente para ciento cincuenta fumadas, es estremecedora. ¿Se pretende iniciar al niño en la comercialización?, ¿quiénes serían sus potenciales clientes?, ¿podría convertirse el pequeño en consumidor?, ¿qué hacemos para evitar las consecuencias nefastas de esto? Son solo algunas de las preguntas que surgen ante el hecho.

Lo cierto es que cada vez son más y de menor edad los niños y jóvenes involucrados en el narcotráfico y en el consumo, que suelen ser un callejón sin salida. Tratar de evitarlo es tarea de todos pero, fundamentalmente, de los padres.

Por eso es importante conocer los factores de riesgo, identificados y divulgados en muchos estudios. Esos factores pueden ser personales, familiares y sociales.

Entre los riesgos personales se pueden mencionar el limitado desarrollo de habilidades sociales, la escasa tolerancia a la frustración, la baja autoestima, la inseguridad, la búsqueda de nuevas sensaciones, la falta de oportunidades, la percepción de rechazo paterno y, en algunos casos, cierta predisposición genética.

Los riesgos familiares son cada vez más frecuentes por el debilitamiento de la institución familiar. De hecho, uno de los mayores riesgos está en las familias disfuncionales y si tienen antecedentes de abuso o violencia, peor. También hay que tomar en cuenta las consecuencias del exceso o de la ausencia de control familiar, la falta de comunicación o la manera inadecuada de relacionarse y, por supuesto, los divorcios conflictivos.

Hay también riesgos sociales, entre ellos la presencia de la droga en escuelas y colegios, la presión del grupo, la influencia de una cultura del consumo, la falta de espacios de esparcimiento, el inadecuado manejo del tiempo libre y ciertos modelos de conducta.

Frente a estos riesgos una buena relación con los mayores inmediatos es indispensable para que se pueda conversar y advertir de los peligros del consumo y la comercialización. Algunas personas creen que no es necesario porque consideran imposible que los menores de edad a su cuidado tengan relación alguna con sustancias ilegales, otros no saben cómo hacerlo o tienen miedo de tocar este tema. Lo cierto es que si no lo hacen ellos, la información les llegará por otras vías y a lo mejor con otros objetivos engañosos que lucen atractivos.

Mis padres nunca me hablaron del tema y yo no soy drogadicto, ni traficante, suelen decir algunas personas, pero el mundo ha cambiado, el ambiente en que se desenvolvía la vida de los hijos no es el mismo ni dentro del hogar ni fuera de él. La vida contemporánea propicia que pasen mucho tiempo solos y que el diálogo familiar no sea frecuente, ni fluido. Los padres pasan mucho tiempo fuera de casa por razones de trabajo, ya que se afanan en tener más ingresos para dar a sus hijos lo que creen que es una buena educación, refiriéndose con ello a la elección de lo que se considera un colegio de calidad, pero no hay institución educativa, por excelente que sea, que reemplace la capacidad formadora de la familia.

Ante múltiples riesgos, lo mejor es la prevención; y la presencia de padres que acompañan el crecimiento de sus hijos con atención, respeto y cercanía física y afectiva es irreemplazable. Luego vienen los planes sociales y estatales, que son muy necesarios.

 

Tomado del diario el Universo, por Nila Velázquez

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